La problemática situación que se vive a nivel mundial en cuanto a la obtención del denominado “oro negro”, con algunas excepciones que excluyen a las grandes potencias poseedoras de los recursos necesarios para la producción de combustibles fósiles u otros derivados, pone en alerta al globo en este aspecto.
En estados Unidos, la guerra instalada en Irak -que según gran parte de la opinión pública y los expertos en relaciones internacionales se produjo como reacción análoga al presunto ataque terrorista a las torres gemelas- marcó un telón de fondo que pocos resaltan: la decisión del gobierno de Washington de invadir Irak como respuesta directa al atentado tuvo una connotación que excedió el fin de la obtención del petróleo en sí y su “ajuste de cuentas” con el país de Oriente Medio. En realidad, desde la Casa Blanca procuraron, mediante los efectos de la guerra, provocar el alza de precios en los combustibles y así desalentar la demanda hidrocarburífera (el crudo de tipo WTI tocó, ayer, su máximo después de tres décadas, y llegó a comercializarse a 88,2 dólares por barril) y, al propio tiempo, fomentar la producción y el consumo de energías alternativas para equilibrar costos. Entre algunas de las energías sustitutivas a emplear aparecen: la eólica, la solar, la atómica y los biocombustibles. Uno de los primeros pasos en esta nueva matriz fue, sin duda, el acuerdo firmado entre Estados Unidos y Brasil por el ETANOL, a principios de este año.
El ocultamiento de esta tesis por parte del gobierno de Bush seguramente pase por una suerte de “orgullo nacionalista” frente a su pueblo, a quien le vendió una postura de defensa y contraataque en la guerra desatada en Medio Oriente como consecuencia del previo ataque fundamentalista, cuando en realidad fue una acción bélica que sirvió para justificar el verdadero fin: hacer rentable la producción de energías alternativas, una causa pensada pura y exclusivamente en términos de prosperidad económica a futuro.
En la coyuntura, los expertos aseguran que el alza sostenida de precios del crudo se debe, en gran parte, a la tensa relación entre Turquía e Irak -ante una posible operación militar de las huestes del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, en el país vecino-, al debilitamiento del dólar y a la difícil relación entre la oferta y la demanda.
Todo parece jugar en favor de la proyección norteamericana en esta materia. Indudablemente, marca el camino a seguir al anticiparse a las complicaciones que se avecinan en el campo energético ante la eventual carencia de este recurso natural no renovable en un futuro no muy lejano. Entonces, de aquí en más, quedará en cada país la decisión de apostar o no por el modelo estadounidense, al que todos deberán ceñirse si pretenden sobrevivir, más allá de las ideologías.
Por Andrés Olivera




