
Ya estallo el verano, y no es hot jeans o una cola-less lo más comentado en las revistas nacionales. Aquí solo se habla de una corriente de poder que ha cambiado los pantalones por una falda, o eso mismo parece cuando el presidente Nestor Kirchner se alista para ir a la playa mientras su esposa Cristina Fernandez se dispone a arremangarse los puños de sus lujosos vestidos. Y el escándalo parece evidente: el marido le deja el lugar a su mujer. Muchos “politólogos” comienzan con sus teorías conspirativas. Se dice que Kirchner no permanecerá silencioso, que no será un sumiso “primer caballero”. Como siempre, el debate se extiende en el territorio de la banalidad. Y sin embargo, algo de razón tienen.
El gobierno de Kirchner cargó con el muerto: el país en crisis. Tuvo que hacer frente a la economía en ruinas y a un estado de considerable agitación de los trabajadores. Qué problema: relanzar la ganancia y ganarse al pueblo. El doble discurso fue su mejor herramienta. Se atrincheró en la devaluación para relanzar las exportaciones, y en efecto, la economía “creció”. ¿Pero para quién creció? Creció para los mismos de siempre: para los Macri, para el grupo Techint, para los exportadores, para Fiat, para Wolkswagen, y tantas otras empresas nacionales y extranjeras que se beneficiaron del crecimiento de la economía. En la década de los ’90, en Estados Unidos se redactaron 10 puntos conocidos como el consenso de Washington. Entre otras cuestiones, se exigía la devaluación, la profesionalización de las universidades (esto es, la adaptación de las carreras al mercado: ¿y si al mercado no le importa la cura definitiva del SIDA? Pues no habrá cura). El gasto público no disminuyó, de hecho, no dejó de aumentar. Pero se lo reubicó en los rubros productivos (como la profundización de los gastos en infraestructura industrial, en beneficio de Fiat, para citar un ejemplo), en detrimento de la educación, de la salud, de los desempleados, y de los empleados. La salud pública languidece, y si los trabajadores protestan, los reprimen, como ocurrió en el Hospital Francés. La educación se ve desmembrada por la Ley Federal, la ley de ecuación superior, ambas de los ’90, pero también por la más destructiva de todas, la ley de ecuación nacional, promovida por Filmus con el fin de destruir la educación pública. Y los trabajadores protestan, y son reprimidos, como pasó en Santa Cruz, con 20 heridos, como pasó en Neuquén, con un muerto, Carlos Fuentealba, quién solo exigía una educación digna para la juventud. Y los estudiantes protestamos, y somos reprimidos, como en el 2005, cuando Kirchner nos impidió acceder a la plaza de mayo para exigir más presupuesto y la anulación de las leyes nefastas. Mientras tanto, en el freezer se congelan los salarios. ¿Y que ocurre si los trabajadores protestan? Lo que ocurrió con los trabajadores de la educación: los reprimen. Lo que ocurre en la militarizada Las Heras, o con los trabajadores del Casino. El gobierno de Kirchner se ocultó detrás de una retórica inundada por los derechos humanos, pero sólo se dedicó a potenciar las ganancias de los grandes grupos empresarios, nacionales y extranjeros - quienes gracias a los subsidios disminuyen sus costos de inversión potenciando su ganancia- y apaciguó las aguas de la protesta social con patotas de burócratas y fuerzas policiales.
En ese sentido, los politólogos, por pura casualidad, tienen razón, gobernarán los mismos de siempre. Pero no porque quien asume es la esposa de quien cede el mandato. Sino porque siempre gobiernan los mismos. Ahora el flamante ministro de Economía ya anunció un tarifazo en el transporte. Y claro, si el gobierno de Cristina seguirá ultrajando el bolsillo del trabajador. Dice La Nación (05/12/2007) que el gobierno se ahorrará 600 millones de pesos en subsidios. Vaya curiosidad, que el mismo diario hoy publique que Francia quiere acercarse al nuevo gobierno. No sea que esos 600 millones vayan a financiar una nueva planta productiva de Repsol en vez de saldar la deuda con el club de París. Asume la esposa de Kirchner, pero no es este el determinante. Podría haber ganado Carrió quien prometió proteger al campo, y se hubiese visto en la misma situación. Porque Carrió, Macri, Lavagna responden a los mismos intereses, que son antagónicos a los de los trabajadores. Por eso los trabajadores deben construir su propia alternativa, independiente de los partidos políticos comprometidos con la ganancia de un pequeño grupo, y la desgracia del pueblo trabajador.
Ilustración por Andres Cornejo
Texto Manuel Rios




