Argentina durante la gestión del actual Presidente, Néstor Kirchner, ha percibido un notable crecimiento económico. Este es una de los pocos méritos que los distintos sectores de la oposición nacional le reconocen al gobierno. Sería erróneo poner en duda esta cuestión, debido a los importantes trabajos que se han realizado para determinar la profundidad del cambio. Sin embargo, la forma que ha tomado este crecimiento, y la perdurabilidad que pueda tener en el tiempo, son algunas de las críticas más sólidas que sostienen distintos grupos, que buscan obtener espacios, para poder ser participes más activos de un momento excepcional que atraviesa el país.
Sumados a esos grupos que critican la falta de distribución de las riquezas, existen muchos otros que se quejan por la poca tolerancia que tiene el poder ejecutivo, para coordinar acciones con los otros dos órganos fundamentales de cualquier sistema democrático representativo: el legislativo y el judicial. Así como a este gobierno se le pueden reconocer una serie de innegables buenas decisiones a escala macroeconómica, es preciso hacer hincapié en el poco empeño que ha puesto por mejorar la calidad institucional, que tanto ha perjudicado las prácticas democráticas durante buena parte de la historia de este país. Kirchner realizó una acción muy acertada, al comienzo de su gestión, cuando nombró a magistrados muy pertinentes para ocupar sus cargos, en la Corte Suprema de Justicia. Sin embargo, por no respetar muchas veces las decisiones de organismos soberanos, el presidente sumó una importante cantidad de enemigos dentro del Congreso y en el ámbito de la Justicia, que reclaman incesantemente una mejora en la transparencia de muchos organismos institucionales.
Un problema que se le puede adjudicar a los sectores de la oposición, es el no haber podido armar un proyecto en común, para poder lograr, respetando los mecanismos del sistema democrático representativo, un frente que pueda emparejar el peso que acumuló Kirchner desde su asunción y desactivar el mecanismo de cooptación de grupos que instaló el presidente y que hasta el día de hoy, es su principal herramienta para mantener sus altos índices de popularidad.
Por Santiago Reboreda




