Hace casi 80 años esta industria contamina en Argentina
Si bien la discusión sobre la instalación de la planta procesadora de pasta celulosa en la orilla oriental del río Uruguay y las desastrosas consecuencias ecológicas que sus procesos de blanqueamiento podrían provocar si comienzan a funcionar se ha convertido en uno de los principales problemas que enfrenta el gobierno argentino desde hace más de un año, poco y nada se ha hablado de la situación fronteras adentro.
El gobierno argentino protesta por el impacto ambiental que tendrá la instalación en Uruguay de estas productoras de celulosa, pero nada hace para controlar las que ya están instaladas en Argentina.
Por otro lado, los medios han dejado en claro lo devastador que puede ser para los pobladores y su entorno la instalación de este tipo de industrias con ejemplos de ciudades afectadas como Pontevedra, en España, o Valdivia, en Chile, pero aún no se ha discutido seriamente sobre el futuro de las diez plantas papeleras que contaminan los ríos y suelos argentinos desde 1929.
Un ejemplo claro del desinterés que los organismos gubernamentales han mostrado frente a la problemática sucedió el último Diciembre en la provincia de Jujuy, cuando la cámara de apelaciones de la localidad de San Pedro rechazó un recurso de amparo presentado por el Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos (Codesedh), inicialmente a favor de Olga Márquez de Aredez, quien murió durante el proceso. El recurso había sido presentado contra la empresa Ledesma, asentada en la ciudad de Libertador General San Martín, por provocar un brote de una enfermedad llamada “bagazosis” en la localidad, patología que sufrió Márquez de Aredez y que provocó su muerte.
Pero este tipo de negligencias no sólo ocurre en Jujuy, esta actitud del gobierno también se refleja en otra provincia muy afectada por la contaminación, Misiones. El técnico forestal, Ricardo Carrere, quien pertenece a la ONG Guayubira, realizó una profunda investigación en la provincia, en la destacó que “existe una tremenda contaminación del río Paraná y que apenas han colocado una redecita para que no se note la espuma”. Luego, específicamente sobre la zona en donde opera la planta Alto Paraná destacó: “los peces han desaparecido, las aves brillan por su ausencia y hay un fuerte olor a huevo podrido”.
En fin, estos sólo son dos casos concretos que, en mayor o menor grado, se repiten también en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Tucumán y Río Negro, de las cuales sólo el gobierno tucumano ha operado seriamente para solucionar el problema en 2005.
No sólo es deber del gobierno Nacional comenzar a hacerse cargo de la situación ambiental del país que desde hace décadas empeora día a día, sino también es menester de cada argentino utilizar los recursos con que cuenta, sin caer en la violencia y la ilegalidad, para frenar esta situación antes de que el daño sea irreversible.
Por Danilo Miocevic




