Rubias de Barrio Norte -jeans Jazmín Chebar, flamante maquillaje recién bajado del barco, la más sentida cara de indignación- aplauden con tapas de cacerolas mientras le comentan a la prensa de un conflicto con el campo. ¿Qué sucede? ¿Dónde es la fiesta? ¿Qué significa esta procesión? Chicas, ¿qué intereses defienden? ¿Venís seguido acá?
Quizá sea la falta de información o el pecar de ignorancia, pero da la sensación de que detrás del griterío y la batucada de improvisación, hay algo más profundo y político. Aún no resulta claro ni el motivo de la protesta ni el verdadero damnificado. ¿Es -inexplicable- solidaridad con los grandes propietarios de las plantaciones de soja? ¿Apoyan también al mediano y pequeño productor agropecuario? ¿Se quejan porque no habrá ni lomo ni chinchulines ni pata-muslo deshuesado para el asado de este fin de semana? ¿O es instinto, salir a la calle para no ser menos, porque todos lo hacen, para hacer ruido, para alimentar la tendencia alarmista de esos grupos que quieren que todo estalle?
Más allá de la falta de razones o de la atípica benevolencia de la gente de Caballito, Barrio Norte y Palermo, existe un panorama que se avecina triste: cómo se resolverá este conflicto real y muy serio, y si no se resuelve, qué comeremos dentro de una semana.-
En simultáneo con Nadie Nunca Nada




