Hace algunos meses en una charla con estudiantes de periodismo, una asesora de un importante funcionario argentino dijo: “Hay un nivel de pelea de realidad y otro que se juega por arriba, en los medios”. Releyendo esas palabras me puse a pensar en la relación del periodismo con la política (Voy a dejar de lado la mugre que circula en ambos ambientes para dedicarme a hablar del vínculo entre ambos). ¿Cuanta será la cantidad de plata que gasta la política mundial en tratar de comunicar sus acciones a la prensa de la mejor manera? ¿Cuánto es el tiempo que gastan los políticos en tratar de llevarse bien con los periodistas, de operarlos para que digan lo que ellos quieren o directamente en comprarlos? Según esta prensera eso se debe a que “los medios pueden erosionar a un gobierno mucho más que la oposición”. En ese sentido, no creo que ningún gobierno pueda gestionar sin transar mínimamente con los principales medios de su país.
El problema acá es: ¿se esfuerzan más los políticos por hacer o por mostrar de la mejor manera lo que hacen? ¿No serían mejores los funcionarios si sólo se dedicaran a trabajar sin darle importancia a lo que escriben los diarios, dicen en las radios o pasan por televisión? “La mejor manera de contrarrestar una mala noticia es un hecho concreto”, aseguró la asesora y con esa afirmación estaba demostrando que los políticos gobiernan totalmente pendientes de lo que sale en los medios de comunicación.
Por otro lado, la población tiene el derecho de conocer lo que hacen sus funcionarios. Y para eso están los periodistas. Para mediar entre esos dos actores: los políticos y la gente que los votó, y que paga sus sueldos. “Leer los diarios es fundamental, no porque esté la verdad, sino porque está lo que circula”, agrego la prensera, que a esta altura -y como buena empleada de político- ya había calificado a los periodistas de prepotentes. Y lo que circula, para los funcionarios, suele ser más importante que otras cosas a la hora de gestionar. Por el contrario, un miembro de muchos equipos de comunicación para campañas políticas me comenta: “Los políticos no se preocupan por la mirada de la prensa porque es lo que más fácil pueden controlar”.
¿Es una utopía pensar que los políticos deberían dedicarse más a trabajar que a tratar con la prensa? El dilema es que no pueden gobernar con la opinión pública en contra. Y que, también, la ciudadanía tiene que estar informada de lo que hacen.




