Esta publicación consigna la opinión de varios especialistas en relaciones internacionales que procuran explicar, básicamente, cuál será el futuro del mundo y sus nuevos escenarios. Entre ellos, aparecen Fernando López Alves; Daniel Dessein; Carlos Escudé; James Neilson; Abel Posse; William Robinson; David Rock y Jonathan Rosenberg.
El eje central del libro pasa por el protagonismo de los Estados Unidos como árbitro internacional de las relaciones político-globales, indagándose también acerca del futuro de la democracia, de la inserción de Latinoamérica en el nuevo esquema y de los efectos mediáticos de la globalización.
Algunos de los autores tratan de justificar el accionar norteamericano de los últimos tiempos, mientras que otros, critican ciertas decisiones de la Casa Blanca, en especial la guerra instalada en Irak, a la que muchos consideran un error.
Asimismo, marcan sus respectivas posturas en torno del expansionismo natural que ha generado Occidente en las denominadas, según ellos, “categorías universales” que trascienden a su propia civilización.
Por su parte, esta recopilación exhibe las muy diversas opiniones de los autores a través de una dinámica interesante que atrae, precisamente, por la multiplicidad de abordajes sobre los temas que en cada caso expone. En general, se encuentran muy bien cubiertos cada uno de los aspectos tratados, a excepción de alguno que otro fragmento en el que, dependiendo del autor, puede resultar un ejercicio de lo superfluo y/o de lo reiterativo. De todos modos, la capacidad intelectual de cada uno de los ensayistas y su simpleza para explicar la complejidad de los acontecimientos ya sucedidos y los que se avecinan, prometen un viaje atrapante por el globo.
Es importante saber qué ocurrió en el pasado para poder entender el presente y, también, lograr avizorar el futuro con intenciones de cambio. Es por ello que este libro aparece como muy recomendable para los amantes de la historia universal y de la amplia temática de la política internacional.
En cuanto a la concentración de poder en cuestiones pertinentes a la guerra y a la paz mundial, todos los autores coinciden en que “tirar bombas por la paz, es como tener sexo por la virginidad”, una contradicción tan grande como controversial. Es cierto que, para algunos, la guerra desatada en Oriente Medio es inevitable, aunque ciertamente conlleva notorias injusticias. Argumentan que “el fin no justifica los medios”, y que la paz en el mundo no se concebirá con la violencia, ni siquiera para con los terroristas: la acción directa como reacción análoga a la de los agresores que apelan a esa metodología, iguala a unos y a otros en términos éticos y fácticos.
Del mismo modo, la media de estos autores considera que, actualmente, para que prevalezca una paz que perviva en el tiempo, las sociedades deberían ceñirse, por ejemplo, a las normas de no proliferación en el campo nuclear. De lo contrario, una gran guerra sería librada, inexorablemente. Respecto de esto, ellos hacen mención a la buena decisión tomada por la Argentina al adherirse al Tratado de no Proliferación Nuclear procurando contribuir así a la pacificación universal. Claro que también aluden al fracaso de EEUU. en sus empeños por imponer las condiciones de la no proliferación aún para el caso del uso pacífico de esa tecnología.
Por último, el mensaje –ni alentador ni pesimista, simplemente realista- aduce a una suerte de “guerra eterna” hasta que no cambie el sistema, que imparte injusticia y violencia desde los mismos ámbitos que, en teoría, deberían asegurar la paz para la humanidad.
Por Andrés Olivera




