En la antigüedad, los mitos eran respuestas concientes a interrogantes de las sociedades. En la actualidad, y luego de los desastres causados por el positivismo en estas áreas, ¿cómo hay que tomar a estos relatos?
Jorge Bosia expresa su opinión sobre el tema. Él es un profesor de Filosofía egresado de la Universidad de Buenos Aires que, a partir de 1987, cambió la docencia por la investigación de las Ciencias Simbólicas, especialmente Astrología y Mitología. Publicó varios artículos y libros, entre los que se encuentran El saber del mito (1998) y Danzando con el Cosmos (1995)
En la introducción de El Saber del Mito, usted aclara que a esos relatos hay que analizarlos y no dejarlos como una pieza literaria, ¿Hasta que punto este análisis no le saca la raíz mágica del mito?
Lo que ocurre es que, esas tradiciones, nos llegan trasplantados de su cultura originaria. Hay millones de imaginarios de esas sabidurías orales que se pasaban de padres a hijos.
Es decir, hay un montón de conceptos codificados que para esas sociedades eran evidentes. Para poder acceder a ese conocimiento, es necesario decodificar al saber mítico.
¿Cómo se descifra ese conocimiento?
Hay que utilizar un sistema simbólico como herramienta.Todas las grandes culturas elaboraron uno. En el caso de los griegos, los dos más conocidos son el Zodíaco y el Árbol de la Vida.
¿Por qué hay que usar esos sistemas?
Porque nuestro lenguaje opera bajo reglas mecánicas y no simbólicas. Cada letra de nuestro alfabeto adquiere significado en tanto se una con una palabra o frase.
Un caracter por si solo, no dice nada. En los ideogramas de las culturas antiguas, por el contrario, esto no ocurre. Cada símbolo tiene su propio significado por sí mismo, aunque esté escrito en una hoja en blanco. El saber mítico opera de ese manera, por eso es que no podemos analizarlo con nuestro alfabeto y necesitamos usar los sistemas de los que hablé.
Usted dijo que las sociedades antiguas tenían un montón de presupuestos que se heredaban de generación en generación, ¿El anonimato que producen las grandes ciudades, complica la supervivencia del mito?
No, al contrario. Según mi parecer, eso contribuye a que los mitos resurjan. Por ejemplo, en la actualidad el cine es uno de los lugares que mantiene vivo a este imaginario. La mayoría de la gente va a ver una película sin saber quién es el director. En la mitología pasa lo mismo, el autor es lo de menos, la firma se pierde.
Últimamente salieron a la luz varias publicaciones que pregonan desenmascarar mitos históricos, ¿Usted se refiere a ese resurgimiento?
No, de ninguna manera. Esa una confusión muy grande que existe en todo el mundo y que surgió desde el nacimiento del Positivismo. Para esta rama epistemológica, la verdad era la ciencia y el mito la mentira. De ahí el error de concepto. Esos autores, están utilizando la palabra incorrecta.
A partir de lo que puede observar en las culturas contemporáneas, ¿Cree que surgirán más mitos o solo quedarán los que ya se conocen?
La sociedades se van encaminado a ser más orales y visuales en lugar de escritas. Esto va a facilitar el resurgimiento de más mitos a futuro.
Por Ignacio Otero




